Desde Honduras

Llegué a tierras de Honduras  en Enero de 1993.  He pasado aquí una buena parte de mi vida de sacerdote y en general, unos buenos años de “vida productiva”, cuando uno cuenta con más fuerza e ímpetu.
Decidí venir acá junto con el P .Patricio porque queríamos abrir algo más formalmente un pequeño camino misionero en nuestra diócesis de origen (Guadix-Baza). Es chica y pobre, pero tiene una historia milenaria a sus espaldas. Sabíamos que los años 50 del siglo pasado algunos sacerdotes viajaron a América y hubo algún movimiento en este sentido. Buscábamos un hermanamiento con una diócesis necesitada de sacerdotes,  en una realidad pobre donde anunciar el evangelio y además, que no hubiera mucho problema con el idioma etc. En fin, Honduras reunía todos esos requisitos. Esa es la razón del por qué aquí.
A la hora de explicar mi razón personal para venir a Honduras,  añadiría en mi caso que en un principio, más que el  motivo misionero lo que hizo decidirme a salir fue un deseo algo ingenuo de servicio asistencial a los pobres en “primera línea”. Siempre tuve ese convencimiento dentro de mi corazón y también he creído conveniente que la Iglesia sirva sin miedo en esos espacios de ayuda en la caridad  a lo que creo nunca ha renunciado. Dicho esto, he comprobado  que igual que Dios me ha permitido realizar  todo eso en mi vida, también me ha dado oportunidad de ver mi propia mediocridad y carencia a la hora  de desempeñarlo cuando me encontraba en medio del vértigo de dicho servicio.